Águilas reales sobrevuelan la estepa kazaja de manos de sus cetreros

El frío ha llegado al corazón de Kazajistán, la estepa está cubierta de un manto copioso de nieve y las águilas reales vuelan a las órdenes de los cetreros.

La cetrería, arte de criar, cuidar y adiestrar águilas, halcones y demás aves que sirvan para la caza es uno de las prácticas ancestrales del pueblo kazajo que pasa de generación en generación y constituye una tradición nacional.

A treinta kilómetros de Astana, en plena estepa, 18 hombres se reúnen con frecuencia para intercambiar conocimientos y hacer volar sus aves.

Bakdaulet Babazhan, ganador del último campeonato de cetrería celebrado en Kazajistán, trabaja con un águila.

«El águila simboliza la libertad y forma parte de nuestra bandera nacional,» asegura Babazhan.

Mientras explica estos detalles el águila de Babazhan, Kapsalgan, descansa sobre su brazo que está protegido por un guante de cetrero.

Momentos después le da la orden de volar y, mientras, explica el entrenamiento y la técnica de la cetrería o «burkitshy» en lengua kazaja.

«Un águila o cualquier otra ave adiestrada en las artes de la cetrería debe volar 300 metros y regresar a la mano de su entrenador», dice Babazhan.

Kapsalgan ejecuta la orden, vuela sobre la estepa nevada, planea y se posa en el brazo de su adiestrador.

«El siguiente paso del entrenamiento consiste en coger una ave artificial, que se encuentra atada a un caballo y regresar con ella a la mano de su propietario», añade el cetrero.

«Posteriormente el ave debe cazar un conejo, un zorro o cualquier otro animal. Es la tercera etapa del entrenamiento y también de las competiciones de nuestro país que se remontan a nuestra época de nómadas,» dice Babazhan, mientras Kapsalgan posa sobre su hombro.

«Kapsalgan tiene cuatro años y sólo atiende a mi voz. No tiene miedo a los animales salvajes. Me siento muy orgulloso de esta águila que ha atrapado en dos ocasiones lobos», agrega su propietario.

Bakdaulet Babazhan heredó la pasión por la cetrería de sus ancestros.

«Desde mi infancia sentí interés por las aves. Comencé a entrenar a Kapsalgan desde su nacimiento. No es una tarea fácil, pero cuando el ave ejecuta todas las órdenes te produce una inmensa satisfacción,» concluye el cazador.

Kazajistán quiere mantener viva esta tradición que el ministerio de Agricultura pretende popularizar.

«Las aves de caza forman parte de la historia de Kazajistán. Jugaron durante miles de años un papel importante en la vida y cultura de los nómadas», dijo a Efe el vicepresidente de la Comisión Forestal y de Fauna del Ministerio de Agricultura, Nariman Zhunusov.

«Este tipo de caza representa una actitud respeto a la naturaleza», añadió el representante de Ministerio de Agricultura.

«La caza con águilas es el tipo más interesante y honesto de la caza; sin el uso de armas de fuego u otras técnicas modernas», agregó Zhunusov.

La celebración de torneos y el apoyo a la cetrería pretende la conservación de las aves de presa, que se encuentran en peligro de extinción.

La Asociación «Kansonar» se ocupa de los cazadores y de los temas de sector cinegético. Kansonar tiene registradas más de 165 especies de aves rapaces de presa, añadió Zhunusov.

Según el ministerio de Agricultura, 489 especies de aves -396 de ellas anidan en Kazajstán, el resto vuelan aquí en invierno y migran en primavera y otoño- habitan la república.

Los criaderos especializados en especies raras o amenazadas de aves rapaces, criaron 738 halcones sacre y 15 de águila real en un hábitat natural.

En 2010, la caza con águilas fue incluido oficialmente en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Kulpash Konyrova

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